Oro y basura.
No quería alargar tanto la historia del principito, pero saben que no me gusta hacer capítulos tan largos para no aburrirlos, que la gente los quiera leer y no se asusten con tantas letras. Es sólo que me gusta mucho pensar en el usuario y en las generaciones rápidas de hoy en día, ya nadie se detiene a leer libros, ni historias si son muy largas, ni párrafos si son muy largos.
Sé que me dirán que no es así, pero yo sé que hay un público que no hubiera llegado tan lejos si las entradas las hubiera hecho más largas. En fin.
Me arme de valor y le hablé de la reserva del hotel, nos fuimos altiro sin terminar los últimos tragos cosa que yo encuentro casi catastrófica, nunca, nunca dejes un copete sin chupar, a mi me duele el alma. La cosa es que era un apart hotel, que es básicamente un departamento que lo arriendan como hotel.
Me puse a ver los edificios, él se acerco y yo lo besé al frente de la ventana, caímos poco a poco en el sillón y bueno, lo demás esta casi todo, todo en los primeros capítulos.
Cuando nos despedimos el otro día a las una de la tarde después de haber tirado como sus seis veces, me pregunto si nos volveríamos a ver y yo le dije "si, obvio", nos despedimos en un semáforo, él se fue por un lado y yo por el otro.
Y desde acá la historia no se pone muy divertida por lo que trataré de hacerlo lo más breve posible. Primero quiero destacar que nunca, nunca crean en los hombres que por tirar contigo te aceptan todas tus condiciones, una vez lo consiguen se ponen horriblemente tacaños. A principito le pasó eso, empezamos a hablar de las cosas que nos gustó de tirar y me dice que él no tiene dinero para ir de nuevo a un hotel por lo que le digo que no importa, que podemos culear es su pieza (vivía en una de esas piezas donde viven muchos chicos de intercambio), me dice que no porque está muy llena y en mi cabeza se me vienen las siguientes palabras; "¿Que wea?"
Me había vendido el cuento un pendejo de veintiún años y como soy inocente, pensaba que yo era la perversa en la situación pero nunca, nunca es así. Me dijo que quería que tiráramos en mi casa cuando no hubiera nadie, pero la última vez que culié con mi ex el gringo, me sentí super invadida por el hecho de que culeáramos en mi cama, para mi en ese momento mi pieza se volvió algo sagrado y solo puedo culear con sapo en ella porque es casi, casi familia.
Fueron todos estos hechos los que me hicieron volver a llamar a sapo, y aunque lo tratara pésimo, me demostró que no importa las cosas que pasaran, él siempre vendría a mí, como cuando llamas a un perrito a lo lejos. Pienso que sapo no entiende bien el concepto de terminar y que es tan dependiente a mi sexo, yo no soy su dueña, sólo soy el pedazo de carne que desea culear.
Me había vendido el cuento un pendejo de veintiún años y como soy inocente, pensaba que yo era la perversa en la situación pero nunca, nunca es así. Me dijo que quería que tiráramos en mi casa cuando no hubiera nadie, pero la última vez que culié con mi ex el gringo, me sentí super invadida por el hecho de que culeáramos en mi cama, para mi en ese momento mi pieza se volvió algo sagrado y solo puedo culear con sapo en ella porque es casi, casi familia.
Fueron todos estos hechos los que me hicieron volver a llamar a sapo, y aunque lo tratara pésimo, me demostró que no importa las cosas que pasaran, él siempre vendría a mí, como cuando llamas a un perrito a lo lejos. Pienso que sapo no entiende bien el concepto de terminar y que es tan dependiente a mi sexo, yo no soy su dueña, sólo soy el pedazo de carne que desea culear.
Fin
Finalmente siempre agradezco a la Fran por ayudarme con las entradas, por escuchar mis dilemas de bloguera y al Victor por animarme con el blog. Y él chico del orto que ha estado trabajando.
Finalmente siempre agradezco a la Fran por ayudarme con las entradas, por escuchar mis dilemas de bloguera y al Victor por animarme con el blog. Y él chico del orto que ha estado trabajando.


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